Vidas
Haiku de los inmigrantes
Escrito por Kana Takaki   
Viernes, 20 de Enero de 2012

Una becaria de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio investiga la literatura de los inmigrantes y sus descendientes, especialmente de la primera generación (issei). Así, con la ayuda de profesora Ayako Kishimoto y la Licenciada Mónica Matsumoto, tradujo haiku y senryu que salieron en La Plata Hochi y en otras publicaciones. Son haiku que narran la historia de la inmigración.


1. 徴兵を南米へ逃げ長く生き(蚊面、1998年)

A Sudamérica…
escapando de la conscripción,
sobreviví. (Kamen, 1998)


Antes, Japón era un país muy pobre, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, cuando escaseaba la comida. Durante la guerra, casi todos los hombres tuvieron que ir a la batalla. Este autor sobrevivió, pero se siente un poco culpable porque la mayoría de sus amigos que quedaron murieron en la guerra.

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“Venimos a esta vida a aprender de lo bueno y de lo malo”
Escrito por Federico Maehama   
Viernes, 16 de Diciembre de 2011


Ordenada en Japón por la Escuela Soto Zenshu, la monja budista Aurora Oshiro dirige desde el 2002 el monasterio de Kumamoto, lugar en el que se hace el retiro internacional y a donde se dirige gente de todo el mundo para realizar la práctica de Zazen. Trascendiendo las categorías religiosas, esta argentina asegura que “cada uno encuentra su propio camino”, sea el católico o el musulmán, y habla de la cuestión del silencio y la contemplación.

Un metro y habrá logrado cruzar Cabildo, pero en vez de apurar los pasos antes de que el semáforo le muestre el rojo, la señora se inclina hacia su derecha para recriminarle algo al taxista que de La Pampa ha doblado para tomar la avenida. Es un jueves de invierno, anormal, podría decirse: hace cerca de 20 grados. El conductor algo le debe estar gritando, al igual que la señora, y a unos metros, en la esquina en donde hay una confitería, los taladros de los empleados de la Ciudad de Buenos Aires perforan la vereda y el 168 y los autos particulares hacen sonar las bocinas, y pinnnn pinnnn, y el tránsito se detiene. Hacia el bajo, siguiendo por La Pampa, la escena es la “normal” de una siesta: señoras y chicas con paquetes, motitos de delivery, taxis, taxis y taxis, algún local en refacción y los escolares caminando de la mano de sus madres.

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Un milonguero, el tintorero “más caro del mundo”
Escrito por Federico Maehama   
Viernes, 16 de Diciembre de 2011

Alejandro Filardi, “sólo para exigentes”. Personaje entre personajes, este compadrito que en televisión combina la cadencia del tango con el arte de planchar un pantalón, habla de lo que es y de los que debería ser. En otros tiempo hacía repartos en camiones Mercedes Benz, llegó a cobrar 35.000 pesos por cuatro vestidos utilizados en la película Evita y, por un piloto, tiene como piso 98 pesos. Su negocio, hoy con la persiana baja, fue –jura y perjura- “una espumita, un lujo vivo”.

En un barrio de Haedo, de cuyo nombre no me puedo acordar, no hace poco tiempo que vive un compadrito que, abstraído de la realidad, vive en la realidad, uniendo lo insólito y lo posible; viendo, sintiendo, disfrutando lo que todos ven y lo que algunos no ven. La imaginación lo lleva a decir que una actividad, un trabajo, un oficio, una profesión -si se quiere-, como el planchar, “es un arte”, un arte concebido como baile activo, con suaves pero firmes movimientos.
Alejandro Filardi es su nombre. De complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, ya frisa los 80. Es compinche de la plancha y del baile; “exigente sólo para exigentes”, enamorado de los trajes, de los ambos, de los sacos y de los pantalones; amante de las polleras y de los vestidos, galanteador de los sobretodos, de los pilotos y de los perramos. Cuenta que proviene de familia humilde, pero hay quienes sostienen que se ha ganado el apodo de Don (De Origen Noble). “Pibe, soy el tintorero más caro del mundo”.

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