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Martes, 26 de Marzo de 2013
El arte de bracear, el arte de respirar
Escrito por Federico Maehama   

En el aeropuerto de Lima, en Perú, y antes de casi perder el vuelo de regreso a Buenos Aires, dos jóvenes hablan de tiempos, marcas, tecnología y yoga. En realidad, Facundo y Rocío son nadadores y en el último Confraternidad Deportiva Internacional Nikkei lograron subirse a alguno de los podios de la competición, la cual estuvo polarizada por los locales y los brasileños.

Facundo Niikado, de 22 años, fue oro en los 50 metros mariposa, plata en los 50 metros pecho y bronce en los 100 metros pecho; Rocío Pereyra, de 24, logró el oro en los 100 metros pecho, plata en los 50 metros espalda y bronce en 200 metros combinado. Junto a ellos, el representativo argentino se completó con Florencia Gima, bronce en 50 y 100 metros libre, y Florencia Niikado, bronce en 50 metros espalda.
“Fue una competencia bastante complicada, porque hubo mucho más nivel que en Paraguay (el Confraternidad del 2011)”, dice Facundo, quien se confiesa, “en pocas palabras”, como “un enfermo” de este deporte no muy popular dentro de la colectividad japonesa de la Argentina.
Como especialista en estilo pecho, su ídolo es Kosuke Kitajima, el nadador japonés, ex campeón mundial y oro olímpico en Atenas 2004 y Pekín 2008, y de quien Facundo ve videos en Youtube. “Técnica, la partida de pecho”, cuenta. “La leo y la repito”. 
Rocío, para quien bajar sus marcas es una obsesión, pero, también, un objetivo como nadadora, su especialidad, hoy por hoy, son los 50 metros espalda. Su mejor marca la consiguió en el 2012, con un tiempo de 31,8’’ (en Perú, su tiempo fue de  34,57’’, ahí nomás de la brasileña Jovana Nakagaki, medalla de oro con 34,20’’).
Ambos entrenan de lunes a viernes, de 15 a 17, y los sábado, de 9 a 11, en el Club Ateneo Popular de Versailles.
A lo largo de la charla, y antes de casi perder el vuelo de vuelta a Buenos Aires, Facundo y Rocío, además de los tiempos y las marcas, de la tecnología y el yoga, se acuerdan de su entrenador, Sergio Fiszson. “Es muy compañero”, asegura Rocío. “Al club siguen cayendo nadadores. Vienen para poder nadar y no para nadar presionados”.
No debe ser casual que las mejores marcas de ambos estén relacionadas con Fiszson. “Con mi entrenador, sigo bajando tiempos. Más a mi edad, es raro”, dice Facundo, octavo en el último campeonato nacional disputado en el Cenard, en diciembre.
“Él nos recomendó yoga para la parte mental. Aprendimos a mentalizar, cómo preparar la carrera antes de tirarse a la pileta, técnicas de respiración para relajarse y movimientos para aflojar y entrar en calor”, agrega.
“Con él, en las pretemporadas también hicimos básquet, capoeira. Eso une al grupo”, explica Rocío, también profesora de natación, guardavidas y estudiante de Odontología. “Ahora estoy mejor que cuando tenía 14 años -señala-, porque encontré un buen entrenador”.