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Miércoles, 21 de Febrero de 2018
El judo como deporte y demostración de respeto
Escrito por Juan C. Yamamoto*   

“PADRE DE LA EDUCACIÓN” del Japón moderno, Jigoro Kano, creador de este arte marcial, impulsó una instrucción basada en el equilibrio entre lo intelectual, la moral y la educación física. Fue el primer representante asiático del Comité Olímpico Internacional (COI), y gracias a sus gestiones se obtuvo la sede de Tokio para los Juegos de 1940, los cuales no llegaron a celebrarse en la capital nipona por el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El Judo, originado en Japón hace más de 130 años, es hoy un deporte universal, pudiendo considerarse como una de las manifestaciones culturales japonesas más difundidas en el mundo. Tal es así que la cantidad de los países afiliados a la Federación Internacional de Judo superan a la de los países afiliados a la Organización de las Naciones Unidas.

En la Argentina, con más de 110 años de historia, el Judo es la disciplina deportiva proveniente de Japón más antigua y difundida. Cabe destacar que los miembros de la comunidad nikkei han venido cumpliendo un importante rol en su difusión y  desarrollo en el país, a través de los inmigrantes en sus inicios y, posteriormente, a través de sus descendientes.
La Federación Internacional de Judo, actualmente con sede en Lausana (Suiza), fue fundada en 1951, como resultado de la afiliación de la Argentina a la Federación Europea de Judo que había sido creada en el año 1948. (Japón se afilió en 1952.)
El primer Campeonato Mundial se celebró en 1956 en Japón y es deporte olímpico a partir de los Juegos Olímpicos de Tokio  1964. Japón mantiene la supremacía en cantidad de medallas obtenidas, tanto en Mundiales como en Juegos, gracias al esfuerzo mancomunado de dirigentes y deportistas por mantener este liderazgo, a pesar de que la población de deportistas viene disminuyendo, siendo superado por países como Brasil o Francia.
El esfuerzo de Japón está orientado al mantenimiento de la supremacía deportiva, pero sobre todo a su espíritu, ligado estrechamente con el código de ética de las artes marciales japonesas o Budo, para que no se convierta en un simple deporte de combate.
Sin entrar en la polémica si el Judo es un deporte o una disciplina del Budo (arte marcial japonés), lo que se puede afirmar es que el principio del respeto (“Rei” no es un simple acto formal de saludo o reverencia, sino una profunda demostración de respeto) que lo diferencia de cualquier otro deporte de combate que no tenga sus raíces en el Budo.
También sería importante diferenciar el Budo (arte marcial japonés) de otras artes marciales, sean estas asiáticas o no, ya que el Budo posee un trasfondo histórico y cultural propio de una época del Japón que lo diferencia de cualquier otro (sin abrir ningún tipo de juicio de valor).
Por ello,  la enseñanza del Judo implica tanto la enseñanza de las técnicas de combate como la transmisión de valores, lo que aporta una contribución a la formación integral de las personas, tal como pregonaba su creador, Jigoro Kano (1860 – 1938). Los principios éticos y filosóficos del Judo se encuentran resumidos en dos máximas instituidas por Kano: Seiryoku Zenyo (mejor uso de la fuerza -fuerza o energía física y mental-) y Jita Kyoei (bienestar mutuo).
Personalmente, como instructor nikkei de Judo, creo que debería ser un compromiso y un valor agregado diferencial para todos los instructores nikkei la transmisión de los valores del Budo, haciendo valer nuestra capacidad de comprenderlos e interpretarlos gracias a nuestro origen cultural.

 

Jigoro Kano y los Juegos Olímpicos
Como se sabe, los próximos Juegos Olímpicos se celebrarán en el 2020 en Tokio. Esta será la segunda oportunidad en que se realiza un Juego Olímpico en la ciudad capital nipona; la primera fue en 1964.
La celebración de los Juegos de Tokio 1964 tuvo en Japón un significado simbólico: el retorno del país al centro de la  atención mundial, tras el notable proceso de recuperación luego de la Segunda Guerra Mundial, y su reinserción en el grupo de los países más desarrollados.
El año 1964 fue de grandes cambios para Japón, quien en ese lapso pasó a ser miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, el “club” de los países más ricos del mundo). Entre los hechos más importantes se pueden citar, por ejemplo, la inauguración del primer tramo del Tren Bala o la Línea Tokaido Shinkansen que unía las ciudades de Tokio, Nagoya y Osaka, junto a otras obras de infraestructura de transporte inauguradas para los juegos.
Es por ello que el gobierno de Japón espera que Tokio 2020 se convierta también en un verdadero hito histórico para el despegue de Japón y, al mismo tiempo, en una importante vidriera de la cultura y la tecnología.
Lo que no es muy conocido es la estrecha relación entre los inicios del movimiento olímpico en Japón y el Judo, principalmente con Jigoro Kano. Cabe recordar que Kano fue un joven intelectual que había estudiado varios estilos de Jujitsu;  denomina Judo a la nueva disciplina y Kodokana su escuela. En poco tiempo, este arte marcial se difunde en todo Japón y se  expande en otros continentes.
Kano fue también un eminente educador, reconocido actualmente como el “Padre de la Educación” del Japón moderno, habiendo dictado clases en distintas instituciones, fundado y dirigido diversas entidades educativas y ocupado cargos en el Ministerio de Educación. Él impulsó una educación basada en el equilibrio entre la educación intelectual, la educación moral y la educación física para la formación integral de las personas. Kano, también vislumbrando un rol importante de Japón en el mundo, impulsó la enseñanza del idioma inglés, que se ocupó de estudiar desde su adolescencia.
Asimismo, en 1909, él se convirtió en el primer representante asiático del Comité Olímpico Internacional (COI), cargo que ejerció hasta su muerte, en 1938. Fue jefe de la delegación japonesa en distintos Juegos Olímpicos y en reuniones del COI. Gracias a las gestiones del propio Kano, se obtuvo la sede de Tokio para los Juegos de 1940, aunque posteriormente se tuvo que renunciar con motivo del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Cabe recordar también que Jigoro Kano falleció en alta mar, cuando regresaba de la Asamblea del COI celebrada en Egipto.
Así, en 1964, Tokio vendría a recuperar la sede obtenida por Kano para los JJOO de 1940; además, el Judo ingresa como deporte de exhibición a los Juegos Olímpicos como deporte de exhibición (con cuatro divisiones por peso, en la categoría masculina solamente. En los últimos JJOO, se compitieron en siete divisiones por peso, tanto en las categorías masculina como femenina, y en los JJOO Tokio 2020 se agregará una competencia por equipos mixtos compuestos por tres representantes masculinos y femeninos).
En Tokio 1964, si bien Japón obtuvo tres de las cuatro medallas de oro que estaban en juego, la derrota de Akio Kaminaga (1936-1993, por entonces tres veces campeón nacional libre de peso) ante el gigante holandés Antonius Geesink representó para Japón una gran frustración. La derrota en casa propia y en la categoría más preciada (libre de peso) representó una gran frustración. Sin embargo, el triunfo de Geesink abrió una luz de esperanza para los judocas occidentales y que habría contribuido a que el Judo quede definitivamente instalado como disciplina olímpica desde los juegos de Múnich 1972. Si Japón hubiese acaparado todas las medallas de oro, tal vez el Judo hubiera quedado relegado como un deporte regional o menor, y solo reservado para los japoneses.
Por otro lado, la derrota japonesa “sirvió” como estímulo hacia los judocas japoneses para recuperar la hegemonía perdida y también resultó una oportunidad para replantear algunos aspectos del entrenamiento que se venía realizando en Japón.

Argentina y la colectividad
Para los Tokio 2020, el equipo de Judo de Japón se prepara para superar la performance obtenida en Río 2016, que fue una de las mejores alcanzadas en la historia: un total de 11 medallas, con tres de oro, una de plata y ocho de bronce. Río 2016 significó además una importante recuperación tras Londres 2012, donde se obtuvo siete medallas y solo una de oro, resignando la supremacía.
En el caso de la Argentina, si bien ha estado presente en casi todos los juegos, las dos únicas medallas logradas pertenecen a Paula Paretto (oro en Río 2016 y bronce en Beijing 2008).
Justamente, el Judo en la Argentina cuenta con una larga historia. Su inicio se remonta a 1906, cuando a la Argentina llegaron  los instructores Yoshio Ogata y Kotoku Watanabe, contratados por la Armada Argentina, y embarcados en la Fragata Sarmiento.
Es que en 1906, la Fragata Sarmiento cumplía su séptimo viaje de instrucción y ancló en varios puertos japoneses donde su tripulación fue recibida con todos los honores, ya que se trataba de la primera visita de un barco a Japón luego de la guerra ruso japonesa en la que Argentina hizo una gran contribución para la victoria de la armada nipona, al ceder dos acorazados: el  Bernardino Rivadavia y el Mariano Moreno.
Durante la estadía en el Puerto de Yokohama, el comandante de la Fragata, CC.NN Adolfo M. Díaz, había quedado deslumbrado por una exhibición de Judo ofrecida a la tripulación, por lo que intercedió ante las autoridades navales para que fuera incorporada a los planes de estudio de los cadetes de la Escuela Naval Militar Argentina, instancia por la cual obtiene el aval del entonces Ministerio de Marina, quien autorizó la contratación de dos instructores.
Fueron seleccionados Yoshio Ogata y Kotoku Watanabe para impartir los conocimientos en la materia a los futuros oficiales navales. Estos instructores partieron desde el puerto de Yokoham y arribaron el 29 de noviembre de 1906 a Puerto Belgrano, y un día más tarde al Puerto de Buenos Aires.
Fue también en esta época en que Jigoro Kano comenzó la promoción internacional del Judo: en 1902 había enviado a uno de sus discípulos dilectos, Yoshitugu Yamashita (1865–1935, que sería luego el primer décimo Dan de Judo) a Estados Unidos  para realizar una serie de charlas y exhibiciones, lo que despertó el interés del propio presidente Teodoro Roosevelt, quien lo contrató para la Academia Naval entre 1905 y 1907.
La enseñanza y difusión del Judo durante la preguerra en la Argentina estuvieron lideradas por los maestros japoneses, muchos de ellos arribados al país como inmigrantes (en ese entonces, la práctica del Judo era obligatoria en la escuela secundaria) y que se dedicaran a la enseñanza, algunos en forma profesional y otros como aficionados. Entre los maestros más prominentes, se pueden citar a Tajuro Kumazawa (1897–1966), arribado al país en 1929, y Hitoshi Nishizaka (1913-1993), quien llegó en 1936; ambos formaron una gran cantidad de discípulos.
En la posguerra se sumaron sus discípulos, muchos de ellos nikkei de segunda generación (Pedro Fukuma y Emilio Kohatsu, entre los más reconocidos), y nuevos inmigrantes, como  el Sensei Yoriyuki Yamamoto (1933-2011), quien desembarcó en la Argentina a fines de los años 50, con una brillante carrera como competidor, primero, y luego como maestro, logrando formar a  varias generaciones de judocas argentinos.
Otros eximios maestros japoneses que llegaron hacia la década del 70 y que transmitieron un Judo más competitivo y de muy alto nivel fueron Sadamitsu Yamashita y Hideki Soma, los últimos representantes judocas de la inmigración japonesa.
Si bien la comunidad nikkei ha sido desde siempre una fuente de excelentes competidores e instructores de Judo, hacia fines de los años 90 todo parecía indicar que se estaba entrando a un período de cierto estancamiento, pero ya entrado en el siglo XXI, se observa una marcada reactivación del Judo dentro de la colectividad, con la presencia de destacados instructores dando clases en importantes instituciones, tanto locales como de la comunidad (junto al retorno del Judo en diversas instituciones nikkei), y la aparición de una nueva camada muy promisoria de jóvenes competidores que se vienen destacando a nivel internacional, como Minoru Tamashiro, los hermanos Alexis y Marcos Taira y Ian Kukita, entre otros.

Cooperación japonesa
Hay que resaltar también la presencia de Japón a través de la cooperación internacional: bajo el paraguas de la iniciativa gubernamental “Sport for Tomorrow” (deporte para el mañana), programa que tiene como objetivo promover la participación de la mayor cantidad de atletas provenientes de países en desarrollo en los Juegos de Tokio 2020, sea mediante la misma cooperación o el intercambio en el campo de los deportes.
Tal es así que en el caso particular de la Argentina, el gobierno de Japón viene realizando una serie de donaciones: 280 tatamis  y otros equipamientos para la Federación Metropolitana de Judo, y el envío de entrenadores como voluntarios de JICA, como es el caso de Sumio Yamagata (7° Dan), quien se encuentra desde marzo de 2017 y permanecerá por un período de dos años  prestando servicios en la Federación Metropolitana; Yamagata es el segundo voluntario enviado luego de que en 2014 estuviera  Masatoshi Kikuchi.
La cooperación de JICA en Judo continuará con el envío de tres estudiantes universitarios y un entrenador de la Universidad de Chukyo con una estadía de aproximadamente cuatro semanas, como parte de un programa de tres  años sobre la base de un convenio firmado entre JICA y la mencionada universidad.
La primera visita del equipo de la Universidad de Chukyo, conformado por el entrenador Keisuke Miyake (5° DAN) y los estudiantes Ayaka Mori, Shohei Matsuoka y Daiki Terauchi (todos de 22 años y 3° danes) se concretará entre el 13 de febrero y el 9 de marzo próximos.
Ellos participarán en prácticas y clínicas con judocas y entrenadores locales en distintos lugares del área metropolitana, bajo la coordinación del Centro Okinawense en la Argentina (COA), la institución nikkei a través de la cual se canalizó la solicitud de los voluntarios jóvenes para la comunidad nikkei y la Federación Metropolitana, de la que COA forma parte. Además, los  judocas japoneses participarán de distintas actividades culturales e intercambios con jóvenes locales, de modo de que puedan vivir una rica experiencia internacional sobre la base del Judo.
El entrenador Keisuke Miyake, además de ser docente y entrenador en la Universidad de Chukyo, es integrante del Comité del Seleccionado Nacional de la Federación Japonesa de Judo, y forma parte del Equipo de Inteligencia Estratégica del Departamento de Investigación Científica.
Este Equipo de Inteligencia Estratégica es el que estudia principalmente a los competidores rivales para brindar un informe completo al cuerpo técnico de la selección japonesa y que, con vistas a los últimos Juegos de Río, recopiló y sistematizó más de 10.000 videos de luchas, para analizar la conducta de alrededor de 3000 competidores de todo el mundo y elaborar una ficha personal de cada uno de ellos (sus técnicas preferidas, los tiempos en que ganan y pierden puntos, etcétera). También estuvo bajo su análisis el comportamiento de los principales árbitros para conocer la tendencia en el momento de aplicar el reglamento. Este esfuerzo de inteligencia fue ha sido valorado a la luz de los resultados obtenidos por el equipo japonés en Río (el 85.7% de los competidores obtuvieron medallas). Asimismo, el equipo ya se encuentra trabajando con vistas al 2020.

TODA UNA ÉPOCA. El creador del Judo, Jigoro Kano, nacido en 1860, es casi contemporáneo con el fin del feudalismo y el comienzo de la Era Meiji, lo que representó el ingreso de Japón  a la Era Moderna tras 265 años de aislamiento del mundo. Kano, que estudió el idioma inglés desde su juventud, fue uno de los protagonistas de las grandes transformaciones ocurridas en Japón, saliendo al mundo occidental para conocer y aprender y volcar sus experiencias principalmente en su actividad educativa (hay que recordar que la Constitución de Japón data de 1890). También realizó un gran esfuerzo para difundir el Judo en el mundo, cosa que fue favorecida por el gran interés que había despertado entre los países occidentales este pequeño país asiático casi desconocido hasta entonces y que en 1905 derrota a la poderosa armada rusa (“guerra ruso – japonesa”).
Fue precisamente en esta misma época en que sale la obra “Bushido, el alma de Japón” escrita (originalmente en inglés) y publicada  por el  educador y pensador japonés Inazo Nitobe (1862-1933) en Estados Unidos en 1900. Esta describe para el lector occidental el código ético no escrito que regía la vida de la nobleza japonesa y de los guerreros samurái de la época feudal, acapara la atención de políticos e intelectuales.
La obra de Nitobe se convirtió en un verdadero best seller a lo largo del tiempo, leído incluso actualmente para comprender mejor el desarrollo económico y la gestión empresarial nipona (management japonés).
Es así que el Judo, “creado para que personas de pequeña talla puedan vencer a otros más grandes”, acaparó también la atención Teodoro Roosvelt, al punto de que se dice que lo distribuyó entre sus amigos y allegados.
La Argentina fue uno de los primeros países latinoamericanos en introducir el Judo, contratando instructores japoneses (Yoshio  Ogata y Kotoku Watanabe, quienes llegaron a la Argentina el 29 de noviembre de 1906 a bordo de la Fragata Sarmiento; esa fecha es en la que se conmemora el “Día del Judo Argentino”.
Notablemente, los instructores japoneses llegaron cuando solo habían pasado 20 años del arribo del primer inmigrante japonés,  y menos de una década en que la Argentina y Japón iniciaron las relaciones bilaterale, a través de la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación.

* Instructor del Centro Okinawense, premio “Jigoro Kano de Oro” por la Federación Metropolitana de Judo 2016 y 2017.