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Jueves, 20 de Octubre de 2016
El Gran Idiota
Escrito por Por el monje Taigen*   

Daigu Ryokan, poeta y calígrafo excepcional, fue un monje zen que eligió renunciar a ser abad del templo y vivió fuera de los monasterios, como ermitaño, en una choza que él mismo construyó en medio de la naturaleza y que llamó Gogo An, cerca de un pantano lleno de mosquitos, alejado de la sociedad. Su maestro, Kokusen, le otorgó ese nombre que significa “inmensa bondad”. Luego de morir Kokusen, antepuso al nombre de Ryokan el de Daigu, que significa “gran idiota”.

Era bastante parecido a lo que hoy llamamos “homeless” o “vagabundo”: siempre vestía harapos, llevaba el pelo sucio y despeinado, al punto que alguna vez lo molieron a palos confundiéndolo con un delincuente. Lo que más le gustaba era emborracharse con sake y jugar con los niños. Decía que jugar era la forma más elevada del zen. Tenía una inocencia total. Asimismo, era un gran monje: practicaba durante largas horas la posición sentada del buda, concentrándose profundamente en la respiración, sin ningún objetivo. Hoy es reconocido como uno de los más grandes poetas, no solo del zen, sino de todo Japón. Su obra nos llega gracias a una joven discípula que tuvo, Teishin, que lo amaba mucho, y recopiló los poemas.
Una historia cuenta que una noche, mientras Ryokan dormía en su ermita, entró un ladrón a hurtadillas. Como no había nada para robar, el bandido, aprovechando que el monje estaba profundamente dormido, le roba la frazada con la que se tapaba y se marcha. En determinado momento, Ryokan se despierta temblando por el frío, y al levantarse queda extasiado la maravillosa luna que se veía desde la ventana de la choza, y piensa: “¡Qué idiota este ladrón, se llevó la frazada en vez de esta luna fascinante!”. Luego se puso a escribir poemas.
Su lírica es de una simplicidad asombrosa y a la vez de una profundidad infinita. Estos son algunos de sus famosos poemas:

“Pleno verano.
Paseo con mi bastón.
Los viejos granjeros me encuentran
y me invitan a beber.
Nos sentamos en los campos
usando hojas como platos.
Agradablemente bebido y feliz
me dejo llevar tranquilamente
repantigado sobre un montón de arroz”.

“Veo a la gente en el mundo
desperdiciar sus vidas por la codicia,
sin poder nunca satisfacer sus deseos,
cayendo en una desesperación cada vez más profunda
y torturándose a sí mismos...
Incluso si obtienen lo que desean
¿cuánto tiempo serán capaces de disfrutarlo?
Por un solo momento de placer celestial
sufren diez tormentos infernales,
atándose con más firmeza una piedra a sus cuerpos.
Gente así son como monos
tratando de alcanzar frenéticamente la luna en el agua
para acabar precipitándose en un torbellino.
Cómo sufren estos seres atrapados en el fluir del mundo.
A pesar de todo, no puedo evitar inquietarme durante toda la noche
ni dejar de verter mis lágrimas por ellos”.

* Ryokan es, por lejos, uno de mis poetas favoritos. Recomiendo fervorosamente al lector conocer sus poemas.