Jueves, 16 de Junio de 2016
Mochi, un recuerdo familiar

Preparado con elementos que fueron elaborados por ellos mismos, el mochi rememora el pasado, la familia y las costumbres que legaron los mayores.

Un recuerdo familiar y un homenaje a los antepasados de las familias que componen la Asociación Japonesa de Sarmiento está representado por el mochi, tanto por su elaboración a mano, como por los instrumentos que utilizan, ya que el mortero (usu), el machacador (tipo de martillo llamado kine), las máquinas al vapor artesanales, todo ha sido fabricado por ellos.

Cada vez que se prepara o se asa un poco de mochi, o cuando se realiza un bazaa, se rememora el pasado, la familia y las costumbres que los mayores legaron a las siguientes generaciones. Ese fue uno de los mensajes que quiso dejar el presidente de la Asociación Japonesa de Sarmiento, Alfredo Tamagusuku.
“Se compran 360 kilos de arroz a la familia Sasaki, de Burzaco, y se lo va fraccionando para su utilización -detalla Tamagusuku-. Por ejemplo, en junio preparamos 90 kilos, de esta cantidad deben salir como 180 kilos de mochi. En agosto se hace uno de 150, y en noviembre 120. Esta institución debe ser una de las únicas que continúa con esta práctica de hacer el mochi de forma casera. Ya hay gente nueva, de la segunda y tercera generación que continúa con esta tradición. En la actualidad son tres los iniciadores de esta costumbre, pero participan solo un poco, y más que nada, miran, sin embargo, nosotros estamos agradecidos de que ellos nos hayan enseñado. Recordando uno de los más veteranos fallecido en diciembre, el señor Ishikame Hiroshi. La elaboración del mochi se hace desde hace 35 años aproximadamente, y se realizaba para el bazaa, siendo el más antiguo el de agosto de nihongo gakkou”.
El arroz se limpia el viernes, se lava el sábado, es decir 12 horas antes, y se lo deja en remojo, y se pisa el día del evento. Se lo hierve en las vaporieras grandes por una hora y cuarto, donde entran unos 30 kilos de arroz por tanda. Cuando llega al mortero de madera para comenzar a machacar, el arroz recién sacado de la máquina tiene unos 70 grados, por lo tanto suele quemar, por eso se acostumbra enjuagar las manos con agua fría de tanto en tanto. Se machaca hasta que la masa esté homogénea, siendo cerca de 40 golpes. Luego de estos machaques,  las mujeres de la asociación lo van cortando y van haciendo diversos tipos: mochi blanco solo fraccionado, o en tipos de bandeja: goma, kinako, y azuki. El mochi blanco es una transmisión de cultura, esta era la golosina de antes.
“Comer mochi es un recuerdo -resalta Tamagusuku-, sentarte a la mesa con tus padres y comer mochi a la plancha y ver cómo se infla, agregándole nori y el jouyu sato es algo con lo que nosotros nos criamos, y queres que tus hijos tengan esa costumbre. Esto es lo más grato del mochi blanco”.
Uno de los iniciadores, el señor Paulo Akiyama, hizo los usu (morteros) y los kine (machacadores) a mano. Uno de los morteros tiene 20 años, el otro 25. El explicó que se hicieron con un hacha especial de media luna traída de Japón. Uno de ellos es de Acacio negro, y uno de los martillos es de madera de tala.
En cuanto a la elaboración, se pica día a día un poquito; se va labrando. El árbol para hacer el martillo se debe cortar como unos seis meses antes, y no se le debe sacar la corteza porque sino se seca y no sirve. Luego de este tiempo se comienzan a hacer los huecos de los mangos. Para hacer los morteros se tarda un mes si se pica periódicamente, y luego se lija.

 

Prácticas que perduran
En el bazaa organizado por la Asociación Japonesa Sarmiento el pasado domingo 5 de junio, las madres y mujeres de Fujimbu estuvieron muy activas, haciendo el udon y las empandas, entre otros. Estela Di Tommaso, presidenta de la comisión de mujeres, contó que el grupo reúne a 30 miembros. La mayor del grupo tiene 82 años.
Entre las actividades que se realizan, se encuentran las reuniones del segundo sábado de cada mes. Una de las llamativas características que tienen para juntar fondos es a través del ahorro mediante una alcancía. “Ponemos 15 pesos cada vez que venimos, y la suma de eso la vamos ahorrando -explica la señora Di Tommaso-, y pudimos comprar, por ejemplo, los donburi para el udon”.
El Fujimbu, a cargo de preparar este plato típico, concurrió temprano el día del evento para poner el agua para los fideos, hervirlos, dejarlos enfriar paulatinamente en tres ollas con agua, y con un molde que sirve para fraccionar cada porción. Luego, al momento de prepararlo para venderlo, se vuelve a calentar para que quede listo. El caldo se prepara dos días antes, y se decora con pasta de pescado, tempura y verduras.
Así, muy artesanalmente y voluntariamente, se organizan los asociados y familias de la Asociación Japonesa de Sarmiento para agasajar al público.